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Una nueva forma de entender la pérdida

duelo

Cuando perdemos a alguien importante, una de las frases que más solemos escuchar es: «Tienes que superarlo».

Aunque normalmente se dice con buena intención, este mensaje puede generar una gran presión. Muchas personas terminan preguntándose si están haciendo el duelo «bien», si deberían sentirse de otra manera o si ha pasado demasiado tiempo para seguir echando de menos a esa persona.

La realidad es que la psicología ha cambiado mucho en su forma de comprender el duelo. Hoy sabemos que no existe una única manera de vivir una pérdida y que el objetivo no consiste en olvidar o dejar atrás a quien ya no está.

El duelo no es una serie de fases que todas las personas tengan que recorrer

Durante muchos años se popularizó la idea de que el duelo seguía una serie de etapas o fases por las que todas las personas debían pasar.

Aunque este modelo ayudó a visibilizar la experiencia del duelo, con el tiempo la investigación ha mostrado que la realidad es mucho más compleja.

No todas las personas sienten las mismas emociones, ni en el mismo orden, ni con la misma intensidad. Algunas experimentan tristeza desde el principio; otras sienten enfado, culpa, alivio o incluso momentos de tranquilidad. Hay quien necesita hablar constantemente de la pérdida y quien prefiere hacerlo poco a poco.

Ninguna de estas respuestas, por sí sola, indica que el duelo se esté viviendo mejor o peor.

Cada historia es diferente porque cada relación también lo ha sido.

Adaptarse no significa olvidar

Uno de los cambios más importantes en la forma actual de entender el duelo es que el objetivo no consiste en «cerrar una etapa».

Las personas que han perdido a alguien importante no necesitan borrar el vínculo que existía.

Lo que poco a poco suele ocurrir es que la relación con esa pérdida cambia.

Los recuerdos dejan de aparecer únicamente asociados al dolor, la persona encuentra nuevas formas de conectar con aquello que ha vivido y empieza a reorganizar su vida incorporando esa ausencia a su historia.

La pérdida sigue formando parte de quiénes somos, pero deja de ocupar todo el espacio.

El dolor no siempre es el problema

Sentir tristeza, echar de menos, emocionarse al recordar o llorar en determinadas fechas son respuestas completamente humanas.

En ocasiones, el sufrimiento no aumenta porque el dolor sea demasiado intenso, sino porque nuestra vida comienza a organizarse únicamente alrededor de evitar ese dolor.

Por ejemplo, algunas personas dejan de visitar determinados lugares, evitan hablar de quien ha fallecido, guardan todos los recuerdos porque no soportan verlos o, por el contrario, son incapaces de realizar actividades que antes disfrutaban porque sienten que hacerlo sería una forma de «traicionar» a quien ya no está.

A corto plazo, estas estrategias pueden aliviar el malestar.

Sin embargo, cuando se mantienen durante mucho tiempo, pueden hacer que la vida se vaya reduciendo poco a poco.

Desde el análisis de conducta entendemos que no solo es importante observar lo que una persona siente, sino también cómo responde a ese malestar y qué consecuencias tienen esas respuestas en su día a día.

No existe una forma correcta de vivir un duelo

Compararse con otras personas suele generar más sufrimiento que alivio.

Hay personas que necesitan volver pronto a su rutina y otras que requieren más tiempo. Algunas hablan constantemente de la pérdida; otras lo hacen únicamente con personas de mucha confianza.

Lo importante no es cumplir unos plazos determinados, sino preguntarnos si, poco a poco, vamos recuperando la capacidad de construir una vida que también tenga espacio para aquello que sigue siendo importante para nosotros.

Aceptar una pérdida no significa dejar de querer.

Significa aprender a vivir en un mundo que ha cambiado.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda?

El duelo no es una enfermedad y no siempre requiere atención psicológica.

Sin embargo, en algunos casos el sufrimiento llega a ser tan intenso o prolongado que la persona siente que ha dejado de vivir la vida que desea.

Si la evitación ocupa cada vez más espacio, si el dolor impide retomar actividades significativas o si la sensación de bloqueo permanece durante mucho tiempo, acudir a un profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y encontrar nuevas formas de afrontar la pérdida.

En terapia no buscamos que las personas olviden a quien han perdido.

Trabajamos para que puedan construir una vida en la que el recuerdo siga teniendo un lugar, pero en la que también vuelva a haber espacio para el bienestar, los vínculos, los proyectos y todo aquello que da sentido a la vida.

Porque el duelo no consiste en dejar atrás a quien ya no está.

Consiste en aprender, poco a poco, a seguir caminando con esa ausencia de una forma que nos permita volver a vivir.

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