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¿Por qué cuesta enfrentarnos a los conflictos?

Los conflictos personales son situaciones de desacuerdo entre varias personas, donde cada una tiene una opinión o posición distinta. En las relaciones sociales, los conflictos son algo bastante común y frecuente, incluso con personas con las que nos llevamos bien y tenemos confianza (con ellas aún más). Se podría decir que son algo inevitable en nuestra vida (siempre tendremos opiniones o puntos de vista distintos), sin embargo hay gente que los evita o reaccionan de la forma inadecuada/inhibida a ellos. El principal problema de no afrontar los conflictos o hacerlo mal, son las emociones negativas, de impotencia o enfado que sentimos por no haberlo hecho como hubiéramos querido; además de no resolver el propio conflicto.

Ahora bien, si tantas consecuencias negativas tiene no enfrentarnos a ellos, ¿por qué hay gente que no lo hace?

  • La necesidad de aprobación de los demás
  • No soportar que otros se enfaden con uno (muy relacionado con el anterior)
  • Pensar que por discutir se rompen relaciones
  • Anticipar que el no estar de acuerdo puede provocar discusiones o peleas mayores
  • Pensar que la situación empeorará por hablar del tema

Sin embargo, a pesar de estas consecuencias tan malas, podemos anticipar que Pepa seguirá comportándose de esa forma, debido a las consecuencias inmediatas que ella obtiene de hacerlo, que no son otras que el alivio y la disminución del malestar que sentía, provocado por sus pensamientos y creencias irracionales.

El principal motivo (aunque hay muchos otros y depende de cada persona) es el miedo de qué pasará si dice lo que piensa (consecuencias negativas derivadas del conflicto), ya sea miedo a hacer daño a los demás o que éstos se enfaden con la persona. Estos miedos llevan detrás creencias o ideas irracionales de las relaciones sociales como:

Este tipo de personas suelen ignorar los conflictos o no meterse en ellos, diciéndose a sí misma que no importa lo que le están diciendo, que no es para tanto, o pensando en los miedos que acabamos de explicar. A continuación veremos un ejemplo de estos comportamientos en un caso real:

“Pepa es una mujer vegetariana que ha quedado en un bar con un amigo de siempre. Éste empieza a hablarle de lo tonta que es por ser vegetariana y la cosas que se está perdiendo. Mientras él habla Pepa empieza a enfadarse y pensar que lo que dice no es cierto y no tiene razón al respecto. Sin embargo, al mismo tiempo le asalta el miedo a decir algo, no vaya a ser que el otro se enfade o empeore la situación, por ello en vez de decirle algo, se calla y asiente en la conversación. Para aguantar la compostura, se ayuda de pensamientos como “no me molesta tanto, da igual”, sin embargo cuando se despide de esta persona, empieza a sentirse mal por no haber dicho lo que piensa y por haber tenido que estar escuchando tonterías durante horas.”

Podemos pensar que Pepa es una necia por no haber dicho nada en ese momento, ya que no solo tenía derecho a opinar, sino que las consecuencias de no hacerlo fueron bastante malas: escuchar durante horas cosas que no quería y la culpa de no hacer lo que debía o realmente quería.

A eso se une el hecho de que si lo lleva evitando toda su vida, no ha tenido la oportunidad de aprender habilidades sociales y asertivas para reaccionar de forma adecuada a esas situaciones, uniéndose un nuevo miedo o preocupación: “no sé cómo hacerlo”.  

Como ya hemos dicho antes, cada persona y problema es especifico e individual, sin embargo en la clínica llegan muchos casos de personas inhibidas por estas razones.

Si os veis reflejados en estos comportamientos, os recomendamos analizar por qué lo hacéis y ver si realmente os compensa seguir así (haciendo una balanza de las consecuencias inmediatas que mantienen vuestra conducta vs las consecuencias a medio y largo plazo). Si aun viendo esto no sabéis por dónde empezar o qué hacer para cambiar, os recomendamos pedir ayuda a un profesional que os enseñe estrategias para lograrlo.

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Por Tauana Matias

Psicóloga sanitaria tanto de población adulta como infanto-juvenil, especialista en análisis y modificación de conducta y experta en autismo y discapacidad. 

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